Antiguo Reino Hitita 1600-1400

Antiguo Reino Hitita 1600-1400

Hatti

Hatti fue un reino de la Antigüedad situado en Anatolia Central que se desarrolló entre los siglos XVII y XII a. C. y cuya capital fue Hattusa. Los hititas, también llamados hetitas o heteos,1 fueron una población de origen indoeuropeo. Hablaban una lengua indoeuropea, escrita con jeroglíficos o caracteres cuneiformes tomados de Asiria. Su reino reunió a numerosas ciudades-estado de culturas muy distintas entre ellas y llegó a crear un influyente imperio gracias a su superioridad militar y a su gran habilidad diplomática, por lo que fue la «tercera» potencia en Oriente Próximo, junto con Babilonia y Egipto. Perfeccionaron el carro de combate ligero y lo emplearon con gran éxito. Se les atribuye una de las primeras utilizaciones del hierro en Oriente Próximo para elaborar armas y objetos de lujo. Tras su declive, cayeron en el olvido hasta el siglo XIX.

El imperio hitita

Tudhaliya III designó heredero a un príncipe homónimo, conocido como Tudhaliya el Joven. Fue suplantado por Suppiluliuma I (h.1350–1322 a. C.), probablemente su medio hermano. Suppiluliuma I fue un jefe militar de gran valor que emprendió los primeros esfuerzos para recuperar el reino hitita de la situación catastrófica en la que estaba. Recuperó Arzawa e Isuwa y estableció el vasallaje de Azzi-Hayasa. Sus éxitos más notables tuvieron lugar en Siria donde extendió considerablemente su influencia tras infligir dos severas derrotas a Mitanni, después hundido por intrigas sucesorias. Los vasallos sirios de Mitanni se revelaron contra la influencia hitita en la región, pero fueron sometidos y puestos bajo la tutela de virreyes hititas. Las capitales de estos virreinatos fueron Alepo y Karkemish. Antes de comenzar un conflicto abierto contra Egipto, se atrajo la fidelidad de algunos vasallos del faraón Akenatón como Ugarit, Qadesh o Amurru. Sin embargo, los prisioneros deportados a Hatti durante los primeros enfrentamientos trajeron una epidemia de peste que tuvo, como más conocidas víctimas, al propio Suppiluliuma I y a su sucesor Arnuwanda II.21

El joven Mursili II (h.1321–1295 a. C.) tomó el poder en circunstancias difíciles. Sin embargo, tuvo una capacidad militar sin igual en aquel momento que le permitió completar el trabajo de su padre, Suppiluliuma I, al someter a los países de Arzawa y entregarlos a varios vasallos fieles. Combatió contra los kaskas. Varios gobernantes vasallos de su padre, tanto de Anatolia como de Siria, se rebelaron contra su autoridad, pero fueron derrotados. En el caso de los sirios, fue posible gracias a la actuación de los virreyes de Karkemish, establecidos como intermediarios de la autoridad del gran rey.

Las revueltas de los vasallos y la lucha contra Egipto, que experimenta un nuevo impulso bajo los primeros reyes de la Dinastía XIX, fueron las principales preocupaciones militares de Muwatalli II (h.1295–1272 a. C.), el siguiente rey. El choque contra Egipto se produjo en la batalla de Qadesh (h.1274 a. C.) donde sus tropas y las de Ramsés II se irán sin una victoria decisiva para ninguna de las partes.23

El sucesor designado por Muwatalli II es su hijo Urhi-Tesub quien ascendió al trono con el nombre de Mursili III (h.1272–1267 a. C.). Su madre era una concubina, no la reina titular, por lo que su legitimidad se vio debilitada. Su tío, Hattusili III, líder brillante que se distinguió en la guerra contra los kaskas, le hizo sombra. La lucha por el poder que se desató entre los dos bandos favoreció a Hattusili III (h.1267–1237 a. C.), que desterró a su sobrino.24 El reinado de Hattusili III estuvo marcado por la voluntad de reconocer su plena legitimidad a los ojos de los otros reyes. Consiguió concluir la paz con Ramsés II, que se casó con dos de las hijas del hitita. El oponente más formidable para los hititas durante su reinado fue Asiria que surgió de los despojos de Mitanni y colocó bajo su dominio la Alta Mesopotamia hasta el Éufrates.25

El siguiente rey, Tudhaliya IV (h.1237–1209 a. C.), reinó con el apoyo de su madre, la influyente Puduhepa. Sufrió una dura derrota de Asiria, aunque no llegó a amenazar sus posiciones en Siria puesto que Tudhaliya IV mantuvo el virreinato de Karkemish. La situación fue más turbulenta en Anatolia Occidental al tiempo que el reino de Alasiya (isla de Chipre) fue sometido. La dinastía gobernante vio su legitimidad cuestionada por la presencia de una rama colateral de la familia real instalada en Tarhuntassa, regentada por otro hijo secundario de Muwatalli II, Kurunta, y sus sucesores. Kurunta parece que llegó a hacerse con el trono hitita. De ser así, fue desplazado por Tudhaliya IV poco después. Los reinados de Hattusili III y Tudhaliya IV estuvieron también marcados por el embellecimiento de la capital Hattusa, abandonada por Muwatalli II, y por la reforma cultual que llevó una mayor presencia de elementos hurritas en la religión oficial, ilustrada por la remodelación del santuario rupestre de Yazilikaya.

La inestabilidad del reino

Los sucesores de Mursili I no lograron estabilizar la corte real, sacudida regularmente por intrigas sangrientas durante gran parte del siglo XVI a. C. La situación fue restaurada por Telepinu mediante la proclamación de un edicto en el que prescribía las reglas sucesorias del reino —con el fin de evitar más derramamiento de sangre— y para instruir a sus súbditos en las normas de la buena administración del Estado. En política exterior firmó un tratado de paz con el reino de Kizzuwadna, frontero con Siria septentrional, que se convirtió en la potencia dominante en el sureste de Anatolia.15

Los siguientes reyes se esforzaron por mantener relaciones pacíficas con Kizzuwadna, pero este basculó hacia la órbita de la nueva potencia dominante en Siria: el reino de Mitanni, gobernado por los hurritas, que se convirtió en rival de los hititas en la hegemonía sobre los reinos de Anatolia Oriental. Al mismo tiempo surgió una amenaza por el norte donde las tribus kaskas ocuparon las montañas del Ponto y dirigieron incursiones devastadoras al corazón de Hatti. Las intrigas cortesanas continuaron hasta finales del siglo XV a. C. cuando Tudhaliya I/II sube al trono.16 Antiguo Oriente Próximo a comienzos del Reino Nuevo hitita. La extensión de los reinos y la ubicación de algunas ciudades son aproximadas.

La cronología de este periodo —llamado en ocasiones Reino Medio—17 está mal establecida y el número de soberanos que ocuparon el trono se sigue debatiendo. De todas formas, el reino se fortaleció frente a sus oponentes. La amenaza de los kaskas se contuvo mediante el establecimiento de una zona fronteriza salpicada de guarniciones, alguna de las cuales se conoce bien gracias a las excavaciones y las tablillas que han salido a la luz (en Tapikka, Sapinuwa, Sarissa). Al sur, el reino de Mitanni estuvo en problemas durante este periodo por la ofensiva egipcia que alcanzó su frontera sur. Kizzuwadna salió de su órbita para regresar a la alianza con los hititas. Otros conflictos conducen a los reyes hititas al oeste de Anatolia, donde el ascenso de los países de Arzawa amenazaba la hegemonía hitita en la región.18

Los reinados de Arnuwanda I y Tudhaliya III, durante la primera mitad del siglo XIV a. C., fueron testigos del progresivo agrietamiento de la solidez del reino frente a sus rivales anatolios.19 En el norte, los kaskas asaltaron varias plazas fuertes antes de tomar y saquear Hattusa, lo que obligó a la corte real a retirarse a Samuha. En el oeste, los hititas no consiguieron instalar de forma permanente su autoridad y retrocedieron con el tiempo; mientras, el rey de Arzawa buscaba el reconocimiento como «gran rey» —que le situaba en igualdad de rango con el rey hitita— del faraón Amenofis III, como se desprende de la correspondencia diplomática de las cartas de Amarna. En el este, los reinos de Isuwa y Azzi-Hayasa amenazaban a los hititas. A mediados del siglo XIV a. C. las grandes potencias de Antiguo Oriente Próximo parecían asistir al final del reino de los hititas.

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