Analisis De Costos

Analisis De Costos

ANÁLISIS DE COSTOS

COSTO DE LA SEGURIDAD E HIGIENE

Las exigencias de la seguridad varían según los problemas de los riesgos. Algunas operaciones no son peligrosas, pero todas necesitan alguna planeación de seguridad. Si no se cuenta con ésta las operaciones pueden no estar bajo pleno control, los planes pueden resultar alterados y los costos aumentan. Por otra parte, la moral del empleado puede ser baja, lo que puede hacer difícil contratar una fuerza de trabajo adecuada. Además, la oportunidad para solicitar inspecciones de la OSHA, concedida por la ley a los trabajadores, puede traducirse en citatorios y multas.

La mayoría de las gerencias tiene un interés humanitario sincero por sus empleados. Por esta razón, las lesiones son perturbadoras, y la gerencia gustosamente separa dinero para invertirlo en seguridad en tanto las cantidades parezcan razonables. Aunque la seguridad no debe promoverse sobre una base de dólares y centavos únicamente, en buen número de casos, en los que la gerencia superior apoyó un buen programa de seguridad por razones humanitarias, hay pruebas que la actividad resulté efectivamente provechosa, generando un aumento posterior en el apoyo el entusiasmo por parte de la gerencia.

IMPORTANCIA DE CONOCER LOS COSTOS

A pesar de una favorable posición del departamento de seguridad, éste no puede permitirse descuidar los efectos de sus actividades sobre los beneficios de la compañía. Cuando las ventas disminuyen, o una compañía se encuentra en difícil posición financiera, por cualquier razón, la gerencia piensa con frecuencia en la posibilidad de eliminar o reducir algunos de sus departamentos administrativos. Por lo tanto, quizá se necesiten cifras que indiquen que el programa de seguridad no representa una carga financiera a fin de demostrar por qué deben continuarse cuando la empresa caiga en un bache.

O bien, pueden constituir el único método para incitar a la gerencia a que se embarque en un serio programa de seguridad por primera vez. La gerencia tiene que pensar en primer lugar en el éxito y la continuada existencia de la compañía. Si no tuviera la costumbre de evaluar las actividades de sus departamentos en función del efecto de las mismas sobre los beneficios, podría encontrarse con un aumento continuo perjudicial en los costos.

Cada vez se reconoce más que constituye una buena costumbre el que cada departamento de una empresa muestre a los altos niveles de la gerencia el valor de sus servicios, y ello en forma periódica.

Esto es particularmente importante en el caso de los departamentos administrativos, cuya necesidad puede ser cuestionada en algunas ocasiones. El valor de una actividad en particular dentro de la firma puede ser indicada por muchos procedimientos, pero cuando se la presenta en función del dinero, mediante aumento en las ventas, o disminución en los costos, ésta constituye evidentemente la forma más efectiva.

El dinero es el punto de referencia para medir y evaluar el desempeño de la compañía. Cuando el resultado del trabajo de un departamento puede ser mostrado en dólares ahorrados, los ejecutivos pueden entender inmediatamente, incluso sin conocer los niveles de desempeño en aquel terreno particular. Por otra parte, pueden al mismo tiempo observar una ganancia financiera por parte del dinero que fue otorgado a dicho departamento.

La gerencia debe aspirar a la operación eficiente si es que desea tener cierto control de sus actividades. Por lo tanto, no resulta sorprendente que en el año de 1944 R B. Blake, ingeniero de seguridad, decano de la Division of Labor Statistics, U.S. Department of Labor, haya dicho: “La principal fuerza impulsora del movimiento de la seguridad industrial es el hecho de que los accidentes cuestan mucho. Se pueden lograr ahorros considerables evitándolos.

Esta opinión, que es muy apoyada hoy día, no contradice nuestra declaración anterior de que el objetivo primero y de mayor prioridad del trabajo relacionado con la seguridad es el humano. Esto indica sencillamente que para muchas compañías, la reducción de los costos ha sido el motivo que ha tenido en realidad el mayor efecto en el origen de una reducción de las lesiones.

Por otra parte, Rinefort, en una tesis de doctorado, no publicada, concluyó que “los costos de los programas de seguridad y los costos de las lesiones sufridas en el trabajo se compensan”. Debe observarse que los beneficios económicos de programas de seguridad competentes pueden ser muy reveladores en muchos casos. Donde existe un alto riesgo y peligros serios, el costo de un programa de seguridad efectivo puede ser mucho menor que las consecuencias de los malos manejos de la seguridad. Los incidentes ocurridos a la nave espacial Challenger, la planta nuclear de Chernobyl y la planta química de Bhopal son ejemplos notables recientes.

El empleo de los datos acerca de los costos no se detiene con la aceptación, por parte de la gerencia, del principio que afirma que el trabajo de seguridad organizado es conveniente. Alguien ha de tomar decisiones para mostrar cuánto dinero ha de ser asignado a dicho trabajo y cuánto énfasis ha de ser dado a las operaciones de seguridad en las instrucciones procedentes de los altos niveles de la gerencia hasta llegar al nivel operativo.

Las leyes estatales y federales exigen actualmente que los lugares de trabajo se encuentren libres de riesgos reconocidos. Esto, y las razones humanitarias, demandan que haya seguridad, pero es en relación con el grado del esfuerzo para destacarse en este campo cuando el análisis de los costos desempeña una parte importante. También es cierto que el cumplimiento de los requisitos legales y de las demandas sociales se realiza mucho más libremente cuando puede mostrarse que los esfuerzos en pro de la seguridad realizan una contribución en pro de los beneficios, superando la totalidad o una parte importante de sus costos.

Las encuestas han mostrado que la inmensa mayoría de personas responsables de los programas de seguridad creen que es útil poner de relieve el costo de las lesiones, las enfermedades y los “accidentes”. Aproximadamente tres cuartas partes de los directores de seguridad que dieron respuesta a preguntas realiza das hace algún tiempo, indicaban que el costo de las lesiones y accidentes desempeñaba una parte importante en el aumento del apoyo por la gerencia. En un estudio de pares de compañías, completado en 1972, Yaghoub Shaffai-Sahrai determinó que un más amplio uso de los costos constituía uno de los factores en los cuales uno de los miembros con registros sobre lesiones mejor que sus “gemelos”, superaban a éstos.

Donde los costos relacionados con las lesiones y las enfermedades reciben poca atención por parte de los especialistas en seguridad con experiencia, existe, según parece, una de tres situaciones: (1) la compañía ha estado consagrada a la seguridad por razones que ya no son puestas en duda por la gerencia superior, con la consecuencia de que los costos no constituyen una decisión en las cuestiones de seguridad, (2) el director de seguridad teme poner de relieve las cuestiones correspondientes a la seguridad, por temor de no ser capaz de demostrar que sean plenamente beneficiosas, lo que podría automáticamente reducir el apoyo, o (3) finalmente la compañía prefiere tomar la posición de gestionar lo necesario en pro de la seguridad sin hacer caso de los costos, aunque éste no sea realmente todo el asunto.

Suponer que la seguridad es o debe ser procurada con exclusión de todas las demás consideraciones, es ignorar el mundo real. Debe ponerse en juego la razón. Si todos los automóviles, camiones y otros vehículos de motor se vieran limitados a una velocidad de diez kilómetros por hora, las lesiones y muertes de tránsito serían totalmente eliminadas. Pero el precio sería más alto del que la sociedad está dispuesta a pagar. Si las personas no practicaran más el sky y otras actividades más o menos peligrosas, muchos brazos y piernas rotos resultarían eliminados. En las operaciones industriales sería posible llegar a tales extremos para evitar todas las lesiones posibles, que la producción por hora de trabajo se limitaría tal vez a un 10% del nivel presente. Debe aplicarse la razón en todas las cuestiones. No obstante, existen indicaciones que una gran cantidad de negocios no llegan a efectuar las inversiones correspondientes al nivel más provechoso en pro de la seguridad.

Este capítulo examinará la naturaleza de los costos de los “accidentes” y explicará cómo estimarlos. El procedimiento a seguir se denomina método Siinonds, y ha sido desde hace tiempo recomendado por el Consejo Nacional de Seguridad. Fue igualmente publicado por Estados Unidos a petición de una de las Conferencias Presidenciales acerca de la Seguridad Ocupacional.

Teniendo en cuenta que la prevención o control es el objetivo principal del trabajo de seguridad, y que los registros se refieren a las lesiones, aludiremos sobre todo al “costo de las lesiones”, usando ocasionalmente la expresión lesiones y accidentes en el análisis de los costos que son el resultado de los tipos de lesiones que la segundad tiene por propósito disminuir. Sin embargo, para ser correctos deberá tenerse en mente que algunos costos no asegurados relacionados con las lesiones son consecuencia de los acontecimientos que dan lugar a la lesión, más bien que de la lesión misma Consideremos dos ejemplos Caso 1 un trabajador se quema la mano con una tubería caliente no protegida, y como reacción al dolor deja caer un tubo de vacío, rompiéndolo. Está bien claro que el daño a la propiedad es un resultado directo de la lesión. Caso 2: un gancho o eslinga inadecuados se rompen, dejando caer y rompiendo una gran pieza de fundición y, además, hiere a algunos trabajadores en su caída. Este sería un caso de lesiones, pero el daño a la propiedad fue resultado de la falla en el equipo, y no consecuencia de la lesión en sí misma.

Por supuesto, si no se hubiese encontrado ningún trabajador bajo la pieza de fundición cuando ésta se abajo, el caso sería considerado como un “accidente” sin lesión, más bien que un caso de lesiones. En el idioma corriente tanto el caso de lesión como el de no lesión serían considerados como accidentes, haciendo que esta expresión cubriese más ampliamente a las lesiones, considerándolas como una consecuencia de los accidentes. Hay dos hechos que militan contra el empleo común de la palabra accidente.

Uno, como se acaba de mencionar, consiste en que los registros se conservan en función de las lesiones, sin tomar en cuenta en forma ordinaria los acontecimientos no intencionales y perjudiciales. Dos, como se explica antes, la mayor parte de las lesiones en el trabajo, aun cuando no sean intencionales, no son puramente fortuitas; son consecuencia de una situación peligrosa o de una conducta tal, que hubiera podido predecirse la lesión. Así, no son “accidentales” e inevitables, como la palabra accidente haría suponer. Por estas razones hemos puesto comillas a la palabra accidente cuando la utilizamos en este libro, y hemos tratado de evitarla en el análisis de los costos, excepto por referencia a la categoría de “accidentes” sin lesiones cuando ocurre una lesión.

Consideremos primero una lesión de muy poca importancia, correspondiente al tipo de primeros auxilios. Un trabajador se despelleja la mano contra una máquina, al mover un montón de varillas, a las 10:15 a.m. Para su trabajo, y en muchas plantas, pide al supervisor un pase para ir a recibir primeros auxilios.

La lesión era lo suficientemente leve como para no llamar la atención de otros trabajadores vecinos durante más de un minuto. En algunas empresas se facilitará a la persona lesionada un pase en el que se indica la hora. En otras el supervisor se limitará a autorizar al trabajador para que se vaya; en tanto que en las circunstancias menos comunes no habrá supervisor cerca, y la persona lesionada simplemente dejará el trabajo para buscar la ayuda médica.

Regresa del dispensario tal vez pasada media hora y con una mano vendada. Si ha estado en forma relativamente independiente de los demás que lo rodean, su máquina o su banco habrán estado ociosos durante aquella media hora. Por otra parte, silos demás trabajadores necesitan del curso ininterrumpido para poder realizar su trabajo, el supervisor, lo antes posible, llevará a otro trabajador, que estaba ocupado en tareas menos urgentes, para tomar el lugar de la persona lesionada. En este caso puede haberse producido una pequeña pérdida de eficiencia, y una cantidad apreciable del tiempo del supervisor fue igualmente necesaria. Al día siguiente se pierde otra media hora de tiempo de trabajo por parte del trabajador lesionado (media hora que también paga el patrono, ordinariamente) en tanto realiza una segunda visita a primeros auxilios.

Supongamos ahora que se trata de una lesión más seria, que necesita la intervención del médico. Algunas cajas fueron apiladas demasiado altas, y muy cerca de un pasillo, o tal vez no fueron amontonadas en forma suficientemente segura. En el momento en que una carretilla pasa por aquel lugar a las 2 p.m. desarregla la estabilidad de las cajas, y media docena de ellas caen al suelo resultando lastimado en la cabeza un trabajador próximo al lugar, al recibir el impacto de una de las cajas.

La lesión parece ser más seria. Cinco trabajadores en la vecindad inmediata detienen su tarea para ver qué ha ocurrido. Tres de ellos vienen a prestar auxilio. El supervisor, y uno de los trabajadores, llevan a la persona lesionada al cuarto de primeros auxilios. Allí se decide que debe ser consultado un doctor. Alguien lleva en su coche a la persona lesionada a un hospital, o al consultorio de un doctor, quien normalmente maneja tales casos para la compañía cose los bordes de la herida.

El empleado lesionado no regresa al trabajo hasta el día siguiente. Entre tanto el problema de continuar el trabajo resultó más serio, porque se perdieron dos o tres horas de tiempo de trabajo. Probablemente el supervisor mostró a otro trabajador cómo realizar la tarea del empleado lesionado, y así pudo continuarse el trabajo, pero posiblemente con menos eficacia. En este caso hubo una tarea menos inmediata en cuanto a su necesidad, que hubo de ser abandonada durante el resto del día.

Una ilustración de un tipo de “accidentes• sin lesiones” es el que ocurrió en un gran astillero cuando se cargaban algunas máquinas a bordo de un buque. Varias máquinas, unidas entre sí por medio de cables, fueron levantadas por una grúa. Cuando ésta giró sobre el barco, unos cables indebidamente apretados se deslizaron, y la carga de máquinas cayó sobre cubierta, por fortuna nadie se encontraba inmediatamente debajo de la carga cuando ésta se precipitó. No obstante, el hecho resulté muy costoso porque se produjeron daños menores significativos en algunas de las máquinas, siendo necesario por otra parte efectuar reparaciones amplias para volver a poner la cubierta en su estado original. Hubo también una pérdida de tiempo de trabajo debido a la interrupción que ocasioné lo que hasta entonces había sido un proceso ordenado de carga.

esperando que les sea de utilidad ITS DE LORETO, ZAC


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